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Conociendo Tucumán

Hoy he tenido la primera experiencia en radio hecha desde casa. Terminada de hacer en los estudios de Frontera Radio, la emisión desde casa se ha convertido en otra alternativa a hacer radio con esta ‘nueva normalidad’ que nos ha traído la pandemia de la covid-19.

Viendo la irresponsabilidad de muchos españoles y previendo que más pronto que tarde, de nuevo volveremos al confinamiento, me puse manos a la obra y con la inestimable ayuda de mi amiga Isol del Carmen, hemos hecho un programa colaborativo, una entrevista, o más bien, un diálogo entre Tucumán, Argentina y Jerez, España.

Ha salido decente, nadie diría que entre uno y otro hay más de diez mil kilómetros de por medio, con un oceáno Atlántico incluído.

Suena bonito. Lo pueden escuchar aquí.

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¿Por qué Argentina?

Fragata Libertad Argentina
El autor en el buque insignia de la Armada Argentina, la fragata ‘Libertad’, en el puerto de Cádiz, España.

Escribo este post para explicar algo que tengo hacer muchas veces. Así enlazaré aquí y todo será mucho más sencillo.

¿Por qué mi amor inmenso a Argentina? ¿Por qué digo siempre que si no fuera español y tuviera que volver a nacer, elegiría ser argentino? ¿Por qué si nunca he visitado aquella tierra?

Puede que la principal razón fuera que cuando era muy pequeño, de los primeros recuerdos que tiene mi memoria, es a mi madre contándome cosas de Argentina. ¿Por qué me las contaba? Porque ella, que nació en 1930 pasó mucha hambre en la postguerra civil española y recordaba como el mejor momento de su vida cuando Argentina, de la mano de Evita, trajo carne para los españoles, a una España bloqueada por el resto del mundo por culpa de la dictadura franquista. Mi madre, no entendía de política en aquellos momentos, ella solo entendía que su estómago estaba vacío. Argentina se convirtió en símbolo de prosperidad y de agradecimiento por haberle traído alimento.

Me hablaba de Buenos Aires y yo, en mi pequeñez, no podía imaginar un nombre más bello para una ciudad. Me la imaginaba como una especie de paraíso.

Fui creciendo, leyendo y viendo la televisión. Llegó a mí la serie ‘Marco, de los Apeninos a los Andes’, un cuento mensual perteneciente al libro ‘Corazón’ de Edmundo D’Amicis, que a mis once años me lo bebí literalmente, nunca mejor dicho. Recorrí con Marco y Amedio el Océano Atlántico, llegué a Buenos Aires y viajé a la Pampa y a ciudades como Tucumán o Rosario. Aprendí que sus estrellas eran distintas a las nuestras. Descubrí aquél país que mi madre me contaba y me enamoró.

Lo que más el habla argentina. Me derrite, me hace sentir. Me vuelve muy loco. Quizás como los argentinos, tan parlanchines, tan escandolosos, tan fanfarrones a veces, pero tan encantadores.

Crecí y me dolieron las Islas Malvinas. Crecí más y me dolieron las madres de la plaza de Mayo. Crecí y llegó internet y empecé a recibir correspondencia de personas de Argentina: de Buenos Aires, de Rosario, de Paraná, de Mendoza, de Usuhaia, de San Miguel de Tucumán, de Salta, de… Argentina para mí ahora es tan cotidiano como España. Persigo su literatura, persigo su geografía, persigo su cine… tuve la suerte de pisar territorio argentino cuando su buque insignia llegó al puerto de Cádiz, la fragata ‘Libertad’ y pude visitarlo. El mate no lo persigo, porque eso de chupar lo chupado, todavía no me entra en la cabeza, pero forma parte de esa locura argentina.

Y no me canso.

Ni me cansaré.

Argentina es mucha Argentina.