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CINE

Esteros, la película

Esteros, la película

Ya sé que no puedo ser objetivo al escribir esto sobre una película argentina por las razones que cuento aquí, pero no quería dejar de comentar Esteros, una película que me ha llegado tanto, que se ha convertido en una de las favoritas, y no exagero, de mi vida.

Encontré a Esteros por casualidad, zapeando por el católogo de Amazon Prime Video España. Hasta ahora no había visto nunca una referencia a esta película en ningún sitio y eso que suelo estar al tanto del cine LGTBI y especialmente, gay, que sale nuevo, pero este no sé por qué se me escapó.

Esteros cuenta la historia (que yo no voy a contar porque no quiero destrozarte la película para que la veas) de dos adolescentes, amigos de la infancia, que por circunstancias de la vida se separan y se vuelven a encontrar años después.

El escenario es particularmente bello. La localidad argentina del Paso de los Libres y en los Esteros del Iberá, un gran humedal con 12 kilómetros cuadrados en la provincia de Corrientese, en el Nordeste de Argentina. El Paso de los Libres (no me digan que no es precioso este nombre para una ciudad) es fronteriza con Brasil. A mí, que vivo en zona marina y que también tenemos esteros, me llamó la atención el nombre, aunque luego se ve, que aquellos esteros no son como los de la Bahía de Cádiz, en España.

La fotografía es excelente, digna del más bonito documental y que me lanzó terminada la película rápidamente a buscar en Google Maps donde estaba semejante paraíso.

Los personajes protagonistas aparecen en dos facetas: en su adolescencia y  ya adultos. Es impecable como el director Papu Curotto encontró a dos chicos que se parecen una barbaridad a los adultos, especialmente el niño de entonces que representa a Jerónimo, Blas Finardi Diz, al adulto ya, Esteban Masturini, del que te enamoras sólo al verle sus ojos. Y el niño, tiene su misma mirada. Sus mismos gestos. Es que te crees que son ellos de pequeños, llegas a creértelo.

Tienen escenas extremadamente dulces como cuando bailan la cumbia de Los Charros ‘Un amor como el nuestro’ que ya me la sé de memoria.

Me he preguntado si en la España actual se hubiera podido rodar hoy una película así, sobre todo por las escenas con los niños. Hoy creo que sería imposible hacerlo aquí debido a la falsa moralidad con la que la oposición política española y la Iglesia Católica por otro lado, están inculcando cada vez más en la sociedad hispana.

En esta entrevista que enlazo aquí al director Papu Curotto, nos cuenta como hizo el difícil casting para elegir a los niños.

Hay muchas webs donde destripan el argumento. Yo no quiero decir nada. Espero que quien la vea, no superia nada como yo. Que no conociera nada, que yo no conocía ni a los actores.

¿Cómo resumo la experiencia? Es un festival de belleza y dulzura. Con sus momentos tensos de lucha contra la homofobia interna de uno de los personajes. 

La película responde a esa pregunta de ¿qué hubiera sido de mi vida sí? o ¿qué ocurriría en mi vida si aparece de pronto mi primer amor treinta años después? ¿Qué reacción tendríamos? ¿Qué puede haber quedado de aquello? ¿Cuánto puede cambiar una persona con el tiempo? ¿Puede haber desaparecido aquél de quién nos enamoramos aunque siga vivo su cuerpo?

Ya digo, me ha encantado. Por ponerle alguna falta, que Amazon Prime no la tiene subtitulada y a veces a mí que soy andaluz, me ha costado entender el habla argentina de la película. Pero eso es problema mío. 

Veánla, he visto en su página de Facebook que por la pandemia la han liberado y se puede ver en Vimeo. En España está en plataformas como Amazon Prime o Filmin.

Otro motivo más para querer ir a visitar a Argentina. 

Trailer

También, por causas de la pandemia y la cuarentena en la página de Facebook de la película, anuncian que la han liberado para que todo el mundo la pueda ver desde casa. Aprovechen mientras dure. Ahí se la dejo. Pero también está en España en Amazon Prime Video o Filmin.

ESTEROS_Subt Esp from HAIN CINE on Vimeo.

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VIVENCIAS

¿Por qué Argentina?

Fragata Libertad Argentina
El autor en el buque insignia de la Armada Argentina, la fragata ‘Libertad’, en el puerto de Cádiz, España.

Escribo este post para explicar algo que tengo hacer muchas veces. Así enlazaré aquí y todo será mucho más sencillo.

¿Por qué mi amor inmenso a Argentina? ¿Por qué digo siempre que si no fuera español y tuviera que volver a nacer, elegiría ser argentino? ¿Por qué si nunca he visitado aquella tierra?

Puede que la principal razón fuera que cuando era muy pequeño, de los primeros recuerdos que tiene mi memoria, es a mi madre contándome cosas de Argentina. ¿Por qué me las contaba? Porque ella, que nació en 1930 pasó mucha hambre en la postguerra civil española y recordaba como el mejor momento de su vida cuando Argentina, de la mano de Evita, trajo carne para los españoles, a una España bloqueada por el resto del mundo por culpa de la dictadura franquista. Mi madre, no entendía de política en aquellos momentos, ella solo entendía que su estómago estaba vacío. Argentina se convirtió en símbolo de prosperidad y de agradecimiento por haberle traído alimento.

Me hablaba de Buenos Aires y yo, en mi pequeñez, no podía imaginar un nombre más bello para una ciudad. Me la imaginaba como una especie de paraíso.

Fui creciendo, leyendo y viendo la televisión. Llegó a mí la serie ‘Marco, de los Apeninos a los Andes’, un cuento mensual perteneciente al libro ‘Corazón’ de Edmundo D’Amicis, que a mis once años me lo bebí literalmente, nunca mejor dicho. Recorrí con Marco y Amedio el Océano Atlántico, llegué a Buenos Aires y viajé a la Pampa y a ciudades como Tucumán o Rosario. Aprendí que sus estrellas eran distintas a las nuestras. Descubrí aquél país que mi madre me contaba y me enamoró.

Lo que más el habla argentina. Me derrite, me hace sentir. Me vuelve muy loco. Quizás como los argentinos, tan parlanchines, tan escandolosos, tan fanfarrones a veces, pero tan encantadores.

Crecí y me dolieron las Islas Malvinas. Crecí más y me dolieron las madres de la plaza de Mayo. Crecí y llegó internet y empecé a recibir correspondencia de personas de Argentina: de Buenos Aires, de Rosario, de Paraná, de Mendoza, de Usuhaia, de San Miguel de Tucumán, de Salta, de… Argentina para mí ahora es tan cotidiano como España. Persigo su literatura, persigo su geografía, persigo su cine… tuve la suerte de pisar territorio argentino cuando su buque insignia llegó al puerto de Cádiz, la fragata ‘Libertad’ y pude visitarlo. El mate no lo persigo, porque eso de chupar lo chupado, todavía no me entra en la cabeza, pero forma parte de esa locura argentina.

Y no me canso.

Ni me cansaré.

Argentina es mucha Argentina.

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POLÍTICA

Escuchar al inmigrante joven (mal llamado MENA)

Fotografía de Open Arms

Entrevista que tuve con Michel Bustillo, responsable de la Asociación “Voluntarios por otro mundo” en Jerez con el joven Anás, chico de Tánger (Marruecos) que emigró a España a través del Estrecho de Gibraltar y actualmente está acogido en España por esta asociación. Nos cuenta la realidad de los mal llamados MENA que no son sino ‘Menores no acompañados’ cuando llegan a España.

¿Sabías que un viaje en patera cuesta mil euros? ¿Harías tú lo mismo? ¿Te montarías en una patera para cruzar el Estrecho de Gibraltar? Muchas de las personas que se atreven a hacerlo jamás han visto el mar.

En 2018 murieron 768 personas intentando llegar a España.

Puedes hacer algo por ellos. No les llames MENA o MENAS. Dí siempre lo que son: menores no acompañados. O sea: niños y niñas SOLOS.

Este programa se emitió en Frontera Radio en directo el 18 de enero de 2020.

Este programa se puede compartir diciendo la procedencia de Frontera Radio y su autor Alfonso Saborido.

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POEMAS

Piel de mentira

Imagen de Manfred Richter en Pixabay

Los ángeles no tienen espejos.
Quizás tú piel como la del diablo,
con escamas y pinchos
se esconda sobre tu dermis de querubín.
Tu mirada blanca, tu sonrisa calma,
es la que guarda la lanza
que dará el golpe certero
en el pecho hundido
del que no consideras caballero.
¿y qué habrá en tu interior,
para que tanta hiel derrames?
¿porqué son dianas de tus dardos
los que por amar,
pierden el dolor?
O será el color negro que derramas,
detrás de tus palabras grises,
de alegría los domingos,
de abortos inútiles cada día.
Proclamas la verdad.
¡Proclamas la Verdad!
Y sabes que tú mismo,
diablo de piel de ángel
eres la misma mentira.

Piel de mentira, 2009 (c) Alfonso Saborido. Todos los derechos reservados. Obra registrada.

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VIVENCIAS

Vaporcito de El Puerto

Vaporcito de El Puerto.jpg
De Emilio J. Rodríguez PosadaTrabajo propio, CC BY-SA 3.0, Enlace

Hace trece años hice un viaje nocturno por la Bahía de Cádiz que no se me olvidará nunca. Casi naufrago. Yo pensaba: ¿Cómo siendo de secano voy a morir ahogado en el mar? Recupero lo que escribía el 24 de julio de 2007.

El sábado pasado, día 21, decidí darme un paseo con mi compañía por la Bahía, en el paseo nocturno que nos ofrece el típico Vaporcito del Puerto.
No era la primera vez que me montaba; lo hice hará unos nueve años, también paseo nocturno; fue una delicia, y quedó entre mis buenos recuerdos.
Así que tuve ganas de nuevo, y eso hice.
Salimos a la hora prevista, diez de la noche. Cuando íbamos por el río Guadalete (¿por qué río de la tristeza?) camino de la desembocadura, uno de los encargados y heredero de la dinastía que gobierna y lleva el Vapor, un joven gallego muy salao, José Fernando VI, nos saludó con un encantador boas noites y nos dio la bienvenida a este viaje por la bahía de dos horas, en el que veríamos los astilleros de Puerto Real, pasaríamos por debajo del puente José León de Carranza y luego iríamos al muelle de Cádiz, para ver el Juan Sebastián Elcano. Después, regreso a El Puerto de Santa María, alrededor de las doce de la noche.
Estupendo. Salvo algo que nos inquietó. El viaje va a ser un poco movidito pues hay poniente en la mar. Y tan movidito. Como aquél concurso, si lo sé, no vengo. Nada más salir el Vapor del espigón del río, aquello empezó a moverse. ¡Y digo que se movió! Niños chillando, gente aterrorizada, como yo, agarrados a un palo para no caernos. Qué mal rato. Por un momento pensé que aquello se hundía. Las olas cubrían las ventanas de abajo del barco. Y encima la noche. Esa agua oscura, esas olas inmensas, negras, que tapaban la línea de costa. Pensé en los inmigrantes que cruzan el Estrecho y en cuán vulnerable es uno. Al entrar en la bahía, un paseito excelente. El puente Carranza, inmenso. El Juan Sebastian Elcano, precioso. Y de nuevo, el pánico. Bamboleo mientras veíamos Valdelagrana de lado. Qué fatiga más mala. Que dos horas más amargas. Debían evitar salir en esas condiciones, que es para un paseo, no para una tortura. Eso sí. José Fernando VI, chapeau. Genial. Transmite confianza. Por eso pasé menos miedo. Si no, les garantizo que este blog hubiera cerrado por defunción. Hubiera muerto de un infarto.

Pero oigan, no dejen de visitarlo.

FIN

Por desgracia, ya no pueden visitarlo. El vaporcito se hundió el 30 de agosto de 2011 en el muelle de Cádiz. A fecha de hoy, sigue sin ser rehabilitado y la Bahía de Cádiz ha perdido una figura icónica que surcaba el horizonte de las playas en verano y era tan familiar como la marea alta o baja.

Queda para el recuerdo este vídeo de aquél naufragio fallido.

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VIVENCIAS

El lago de los cisnes (Zoobotánico de Jerez)

Así me lo parecía a mí. En realidad era el estanque de los patos. En el Zoobotánico de Jerez. Esto escribía yo el 18 de marzo de 2007.

Hoy he vuelto a uno de mis sitios preferidos desde pequeño, donde me vuelvo a reencontrar con aquél niño que fui. Es el estanque de los patos y cisnes que se encuentra en el Zoobotánico de Jerez. Es mi animal favorito, el pato, además del perro. Y no sé el porqué. Pero desde mi más lejana infancia, siempre me quedaba embobado, me cuentan, mirando los patos. Eso de que un ave, que tenía que volar, se dedicara a nadar, me llamaba mucho la atención. Tanto que un día me escapé en el Zoo, y me encontraron con los zapatos quitados dispuesto a meterme en el agua, con los patos, quizás para ser uno más de ellos.

Es curioso lo que siento cada vez que cruzo ese puentecito. Que era muy grande a mis pocos años, y ahora, cada vez lo veo más pequeño. Hay lugares que me dan mala espina. Pero este, es justo todo lo contrario. ¿Qué es lo que habrá allí que me hace sentir tan bien? Quizás sea la paz que respiro. Y es difícil, porque en un día tan soleado como el de hoy, la afluencia de público es enorme.

Los patos. Mis patos. Que pasean ante mí, con delicada indiferencia. Su ruido de agua. Su movimiento de la cola. Su rapidez al nadar, que lo convierte incluso, en navegar. Felices, quietos. Tranquilos. A la sombra y fresquitos.

Los patos. Mis patos. Que siempre están allí.

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POLÍTICA

Grupos de riesgo

Imagen de Pexels en Pixabay

Vivimos unos momentos en España que me recuerda mucho a la situación que vivía el País Vasco en los peores tiempos del terrorismo con Herri Batasuna y ETA matando día sí y día también.

Recuerden: los ideólogos apuntaban con el dedo y los terroristas ejecutaban. Cada vez estamos viendo más ataques al colectivo LGTBI por parte de violentos. Esto coincide con los mensajes homófobos de los distintos sectores de la ultraderecha española. Estamos en peligro, pero no sólo la comunidad LGTBI. Somos unos pocos los grupos de riesgos que estamos en el objetivo del neofascismo español.

Por ejemplo, las mujeres. Los ataques son continuos contra el movimiento feminista, un movimiento que sólo pide la igualdad entre hombres y mujeres. Lo están pagando con miles de mujeres asesinadas por machistas que se creen con más razón y más apoyados por los mensajes ultras. No le tienen miedo a la ley por eso. Ese es su pensamiento.

O los inmigrantes. Típico objetivo del nacionalista extremo. Anular cualquier contacto con gente que no sea de tu país. Las acusa de todo creando bulos y mentiras. Ellos señalan, y sus brazos armados convierten el señalamiento en discriminación y agresiones a personas extranjeras, agravando más aún la cuestión si no son blancos. Negros, asiáticos, hindúes, hispanoamericanos. Todos puestos en el punto de mira.

O los gitanos. Otro colectivo condenado desde siglos. La ultraderecha también van contra ellos. Me resulta curioso ver a gitanos, en una ciudad como Jerez, apoyar al fascismo. Me pregunto si en verdad conocen la historia del pueblo gitano y cuáles son sus enemigos.

O los enfermos. Porque el fascismo no quiere gente que sea una carga para la sociedad. Quiere una raza pura. Cojos, mancos, ciegos, y en general, cualquier tipo de minusvalía o discapacidad provoca el rechazo de los que se creen superior. No quieren cargar con ellos. De ahí la crítica a sus ‘paguitas’.

O las personas mayores. Nuestros abuelos y abuelas, que en similitud a los enfermos, porque por edad son más proclives a padecer algo, también son una carga. No los quieren porque les hacen gastar dinero. Porque el fascista es un neoliberal que no quiere gastar nada en lo público. Hemos visto las consecuencias de las políticas neoliberales en las residencias de mayores privadas con la pandemia de la COVID-19.

O las personas religiosas. Sólo se acepta la religión oficial que el neofascismo decida. Si eres de otra, te conviertes en su enemigo, un traidor a la patria y a la (su) cultura, y también, también te ponen en la diana. Incluso siendo tú de su religión, si no compartes algo con ellos, serás su enemigo. Recuerden a principios de la democracia lo de ‘Tarancón, al paredón’. O eres de su religión, o irán contra ti.

O los pobres. El odio al pobre. El pobre es un estorbo. Hay que eliminar los pobres. Aunque su sistema neoliberal engendra eso, pobreza. Porque no puede haber rico sin haber pobres.

Y seguro que se me queda algún grupo de riesgo en el tintero. Seguro que usted que me lee puede tener otro en la cabeza.

No hemos aprendido la lección que nos dió el fascismo que sufrimos en Europa. Y cada vez recuerdo más aquél poema del pastor Luterano Martin Niëmoller que se quejaba de que las autoridades de Europa no hicieron nada para impedir que el nazismo subiera al poder: Primero vinieron por los socialistas y yo no dije nada porque yo no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada porque yo no era judío. Luego, vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.

Este artículo se puede compartir diciendo la autoría de Alfonso Saborido y enlazando a este blog.