El andaluz que viajó a las estrellas #Caso Conil

De nuevo pude ver como la pandilla de la noche anterior, unos seis, entre chicos y chicas, estaban en la orilla, a unos 150 metros de mí esperando a ver las luces. No me podían ver al estar yo oculto por el montículo. Al seguir las nubes, no se veían las estrellas, aunque en la nubosidad se reflejaban las luces amarillentas de Conil dando al cielo un aspecto fantasmagórico. Si venían las luces de nuevo, estaba claro que no la iba a ver. Pero me equivoqué.

Sobre las once y media, según mi reloj, un resplandor extraño apareció en el cielo marino. Era

la luz de la noche de ayer, pero difuminada por las nubes. Se veía al principio, como un poco de

claridad, pero aumentaba por momentos en intensidad. De pronto y provocándome un sobresalto, la luz

atravesó las nubes y la vi muy cerca. Observé como la pandilla de chicos y chicas también sesobresaltaron y corrieron hacia atrás, en dirección contraria a las luces. Quedó quieta a unos cien metros de altura sobre el agua y disminuyó su brillo. Entonces pude ver (pudimos, porque los chicos también lo vieron)

que aquello era una nave espacial. Dios, un ovni, pensé. No puede ser posible.

De mi novela ‘El andaluz que viajó a las estrellas’ (Inspirada en el Caso Conil)

(c) Alfonso Saborido.

#CienciaFicción#andalucia#Andalucía

Yo estoy con Francisco: en defensa del Papa.

El portal Religión Digital ha empezado una campaña de apoyo al Papa Francisco y pide a los católicos que le defendamos ante los ataques de una minoría integrista compuesta por los de siempre.

Por supuesto que apoyo al Papa Francisco sin dudarlo un segundo. El Papa Francisco huele a Evangelio. Es un claro ejemplo de lo que para mí es un seguidor de Jesús. Es como si el cura de mi barrio hubiera llegado a Papa y siguiera siendo el mismo, aunque vestido de blanco. Francisco no estridente en sus vestiduras. Desde el primer momento que se asomó a la plaza de San Pedro, lo hizo humildemente, con su traje blanco. Francisco no es de grandes avenidas ni grandes capitales. Sus viajes han sido a las periferias. A las fronteras. Francisco sabe que Jesús está en el sagrario de los templos sencillos, por eso vive en Santa Marta. Pero también sabe que Jesús vive en el prójimo, por eso no ha dudado en acercarse a donde Jesús muere en el mar con los inmigrantes, a las cárceles y a los condenados donde Jesús también está presente. Se ha acercado al pobre. Convive y escucha a los expulsados, a los rechazados.

Se sienta al lado de las mujeres, cada día con muchos enfrentamientos, le está dando el sitio que se merecen de igualdad. Escucha a los homosexuales, a las personas transexuales, a las personas divorciadas. La que le ha caído por parte de los malos por el tema de la bendición del Fiducia supplicans (‘Confianza suplicante’). ¿No bendecía Jesús también a todas las personas que eran pecadoras y abrazaban el evangelio? Esa minoría integrista olvida que pecadores somos todos. Que todos somos hijos de Dios. Que todos merecemos la bendición. Que Jesús perdonó a todos sus enemigos porque no sabían lo que hacían.

Francisco es un rayo de luz en la Iglesia. Es un balón de oxígeno. Un papa valiente que se ha enfrentado a cuestiones como la pederastia, cosa que nadie ha hecho nunca. Que ha puesto a los cardenales envueltos en el pecado de la soberbia y la riqueza en su sitio.

Francisco, tienes el apoyo mío y el de toda la Iglesia. Pero tienes el apoyo más grande: el del Espíritu Santo. El malo no va a poder contigo porque estás lleno de Jesús. Larga vida al Papa Francisco.

Habitación vacía

Fue el sentimiento más fuerte de tu ausencia
cuando entré en la casa – nuestra casa –
y vi en frente del pasillo tu habitación vacía.
La vida faltaba como el verde a las plantas,
el aire helado salía del cuarto como viento polar.

Es la ausencia que no se ve la que pesa tanto,
torturante mochila que cargo a mis espaldas
desde el día que marchaste con tus ojos cerrados.

La frialdad es mi enemiga, en la noche, lo que más temo.
No hay manta ni sábana que cubra mi cuerpo
e impida que me llegue el sabor a hielo de tu partida.

La casa – nuestra casa – es un gran campo inmenso
si hierbas ni árboles ni gentes; que no es campo,
es un páramo llenos de cosas vacías que no existen.

Yo, huyo de la casa – nuestra casa – porque no estando
te veo en que cada rincón de las paredes blancas,
sin cuadros, con huellas de reloj que no marcan las horas.

Es el tiempo aterrador el que pasa aumentando la distancia.
Quien lucha por borrarme el olor de los recuerdos,
que en contra de lo que todo el mundo dice y cree,
no cura nada, no aplaca nada, no suaviza nada.

Porque es dolor lo que siento permanente, cronicidad
de una ausencia forzada que me robó lo que más quería.
Es sentimiento negro de pena, lo que recorre mis venas
que con la falta de tus pulsos tristemente laten
cada vez que vuelvo a ver al final de la casa – nuestra casa –
ese pasillo largo y al fondo, siempre,  tu habitación vacía.

(C) Alfonso Saborido, 30 de septiembre de 2012.

Image by Pete Linforth from Pixabay

NOVELA AQUELLA MILI – 2

Después de muchos años sin saber dónde la tenía (demasiadas mudanzas de casas) hoy, sin buscarla, apareció: la fotografía de mi jura de bandera, el 3 de julio de 1983, en Obejo (Córdoba), en el CIR 4. Una fotografía que tenemos muchísimos españoles de mi generación, menos Santiago Abascal, el líder de Vox, que no quiso hacer la mili. El patriotismo era obligado para algunos… pero otros, se libraban.

Sigamos con la historia, la novela, de Aquella Mili que puedes leer completa en Amazon:

Entré y me encontré en una oficina con aire antiguo, mesas grandes de madera y mostrador alto para atender al público. Ambiente de trabajo movido, soldados de un sitio para otro llevando papeles y carpetas en las manos. Otros trabajaban en las mesas y todo con la banda sonora de las máquinas de escribir mecánicas mientras los soldados escribientes golpeaban con sus dedos el teclado.
Al primer soldado que vi le pregunté por el teniente Monasterio. Ni me contestó, sólo me hizo una señal y me señaló a un señor que estaba sentado en una de las mesas centrales. Me dirigí hacia él.

Di mis buenos días y le dije que venía a solicitar la admisión para hacer el servicio militar
voluntario. Me saludó cortésmente y me preguntó la edad que tenía.
— 17 años – contesté.
— Rellena esto, por favor – me dijo mientras me extendía un formulario donde pude escribir mis datos personales, mi deseo de hacer el servicio militar como artillero de manera voluntaria y mi firma.
Cuando el teniente Monasterio leyó el formulario para comprobar que estaba bien relleno, me miró a la cara y me preguntó:
— ¿Tú no estabas en el colegio con Antonio Monasterio?
Pensé y sí, recordé.
— Sí, señor. Estuvimos juntos en cuarto de EGB.
— Es mi hijo, me comentó con una ligera sonrisa. Y era verdad porque le encontré parecido aunque ya hacía años que no le veía. No es que yo hubiera tenido una gran amistad con su hijo, un tipo extraño, grandullón, muy empollón y muy poco sociable, pero le había tenido de compañero de banca alguna vez y nunca nos llevamos mal. Me agradó ser conocido del teniente. Bueno, conocido de él y de su mujer, que cada vez que me veía en el colegio me ponía la mano en la cabeza y me agitaba mis rizos porque le hacían mucha gracia. Por lo menos, podría acudir a alguien conocido en el cuartel si alguna vez tuviera algún problema. Haz amigos hasta en el infierno, me decía siempre mi madre.
Porque ese era el «problema» del cuartel. El miedo a tener problemas. El miedo a estar solo, sin conocer a nadie, a enfrentarte a cosas desconocidas. Y más yo, que era el típico niño criado bajo las faldas de mamá.
El teniente Monasterio me explicó que tenía que ir con un volante que me dio al dispensario municipal para que me hicieran el reconocimiento médico que me declarara apto para hacer el servicio militar. Habiéndolo pasado sin contratiempos, para alivio de mi madre que estaba obsesionada con que estuviese sano, recibiría una carta del cuartel declarando mi admisión y el día en el que me tendría que incorporar al Ejército, a la vez que me avisaba de que tenía que llevar la autorización de mi padre por ser menor de edad. A continuación, llamó a un soldado, que ante la señal del teniente, me trajo un petate, una bolsa de tela gruesa, grande, de color caqui que hacía las veces de maleta de viaje a los soldados. Cuando el soldado me lo dio sentí la misma mirada de desdén y chulería que me había encontrado en el soldado de la guardia que me recibió a mi entrada.
— Si no fueras apto por lo que sea, vienes y nos lo devuelves — dijo el teniente.
Le di las gracias y el teniente me comunicó que ya estaba todo y que estuviera atento a la carta. Me fui de la oficina. Cogí por el mismo camino porque el que había entrado y salí por la puerta principal, donde seguía impávido el soldado que me atendió. Le dije adiós al salir y el me devolvió el saludo con un «adiós quillo, sapo, yo no te volveré a ver». No entendí nada de aquel saludo en ese momento pero lo comprendería bien meses después.

La vida de un enfermero (o enfermera) en Andalucía

El diputado de Adelante Andalucía

@AdelanteAND Jose Ignacio García Sánchez

@joseigs_ le canta las cuarenta al presidente de la Junta de Andalucía Juanma Moreno, que sonríe encima. El presidente se rie, supongo, porque no tiene ni puñetera idea de lo que es estudiar una oposición (muchos exámenes, no uno solo), muchos días renunciado a tu familia y tu tiempo libre. Luego, estar volatero de un sitio para otro. Sin encontrar alquileres, pidiendo favores. En fin, la ignorancia del político que por un lado, fastidia a los funcionarios porque en el fondo quisiera ser como ellos y por el otro, el afán del Partido Popular por privatizarlo todo y que ganen dinero los ricos. Pobre sanidad andaluza y pobre Andalucía dormida. A ver cuando despertamos. #Andalucía#Andalucia#sanidadpublica

@adelante_andalucia

El PP maltrata al personal de la sanidad pública andaluza y a la población. Y tienen la cara dura de decir que va mejor que nunca. #andalucia #politica #actualidad #parlamento #sanidadpública #recortes #sanidad

♬ sonido original – Adelante Andalucía

NOVELA AQUELLA MILI – 1

Una mañana de otoño de 1982, mientras España veía como el primer presidente socialista llegaba a la Moncloa y el Papa Juan Pablo II visitaba el país, yo decidí que mi camino no iba a ser el de todos los días al Instituto donde estaba estudiando. Cambié el rumbo de mi Vespino y aparqué enfrente del cuartel militar donde estaba el Regimiento de Artillería N.o 74 en Jerez. Esa noche había decidido que iba a hacer el servicio militar voluntario. Me dirigí hacia la entrada principal, con una puerta muy grande, abierta, con un arco encima que recordaba a las iglesias renacentistas. Antes de la puerta, había una valla para impedir el paso de vehículos. Entré por el lado y al llegar a la puerta se me acercó un soldado con un fusil colgado. Me saludó y me preguntó que quería. Le dije que iba a solicitar la admisión como voluntario para hacer el servicio militar allí. El soldado me miró de arriba a abajo con desdén y una cara de asco que no podría olvidar y me dijo que pasara al final de la puerta, que llegara al patio del cuartel y luego cogiera hacia la derecha, al final del edificio, donde habría unas escaleras metálicas. Que las subiera, abriera la puerta y entrara en la oficina y preguntara por el teniente Monasterio.

Así hice. El patio del cuartel era grande, no sabría decir los metros, pero los suficientes para hacer un buen desfile militar allí. Suelo adoquinado. Estaba rodeado de árboles unas catalpas, blanqueadas hasta la mitad de su tronco y que, en ese otoño, empezaron a empapelar de hojas todo el patio. Unas hojas que un soldado diligentemente iba recogiendo con un carrito como los que utilizan los trabajadores de la limpieza. No había mucho movimiento en el patio. Era sobre las diez de la mañana y los soldados estaban cada cual en su destino. Cogí por la acera del edificio buscando las escaleras que me habían dicho y llegué a la puerta de la oficina. Ponía en un pequeño cartel «Pase sin llamar». Ahí me llamó la atención algo que sería común luego en toda mi historia militar: que las puertas de los cuarteles siempre están abiertas.

Fiducia supplicans o cómo sacar a los homófobos católicos del armario.

Lo que sin duda se ha hecho con buena intención, la Fiducia supplicans por parte del Vaticano, se ha convertido en un látigo contra las personas homosexuales católicas, porque está dirigida a ellos. A quien no es católico, en realidad le importa muy poco o nada, que un sacerdote católico bendiga su relación.

La bendición propuesta con un protocolo más complicado que el que se utiliza para bendecir a los animales en la fiesta de San Antón en Jerez de la Frontera, por poner un ejemplo, solo ha servido para echarnos a las fieras, como si de un circo romano se tratase, a las personas homosexuales, criadas en la Iglesia Católica, con nuestra fe intacta, pero en la realidad, expulsados de esta Iglesia que nos desprecia continuamente.

Estamos acostumbrados a vivir en la frontera. Las bendiciones de los curas homófobos no las necesitamos, entre otras cosas, porque con la hipocresía ya común en la Historia de la Iglesia, estas bendiciones a parejas homosexuales se están dando de hecho desde hace muuuuuuucho tiempo.

Pero en la Iglesia Católica, la norma es que mientras no se hable de algo, este algo, no existe.

Pero hay tantas cosas que existen en la Iglesia y de las que no hablamos ¿verdad?

La homosexualidad, tan cotidiana, tan presente en la Iglesia día a día…

Eso me hizo escribir una novela en la que cuento la historia de una relación entre un sacerdote católico y un joven catecúmeno, basado en hechos reales, aunque los personajes no son reales y si hay algún parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Los laicos católicos que no nos escondemos ni ocultamos nuestra homosexualidad, hemos recibido siempre el apoyo de los sacerdotes homosexuales que llevan su voto de castidad con dignidad, pero también el acoso de religiosos homosexuales, buscando lo que se conoce un rollito… que por cierto, son los más homófobos luego de cara al público.

Este ‘Amor Sagrado’ que escribí, no es tanta ciencia ficción como parece. Lo puedes leer gratis en Amazon Kindle.

(C) Todos los derechos reservados. Se puede copiar este post siempre citando al Autor Alfonso Saborido y enlazado a esta web. PROHIBIDO copiar en webs con publicidad.

Andalucía, el basurero radiactivo de España (El Cabril)

Google Maps 2024

En el Consejo de Ministros del 27 de diciembre de 2023, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, aprobó el Séptimo Plan General de Residuos Radiactivos y con ello la continuidad de la operación del centro de almacenamiento de El Cabril (Córdoba) para residuos de media, baja y muy baja actividad, hasta completar el desmantelamiento de las centrales, como ya estaba planificado en el 6º PGRR.

Por lo tanto, Andalucía seguirá siendo el basurero radiactivo de España. Toda la información sobre este cementerio nuclear la puedes ver en Wikipedia.

Pero te pregunto, lector. ¿Escuchaste algo sobre esto a los partidos políticos en la campaña electoral? ¿Hablaron sobre ello en las negociaciones para formar gobierno? No.

Esto pasa porque no tenemos diputados y diputadas andaluces en el Congreso de los Diputados. Sí, los hay ocupando escaños, 61 en total, pero no ejercen como andaluces.

Andalucía seguirá siendo el cementerio nuclear de España porque no tenemos un grupo parlamentario andaluz (y andalucista) en el Congreso de los Diputados. Ya es hora de que despertemos o nos comen las moscas radiactivas. ¡Viva Andalucía libre de residuos nucleares!.

La intolerancia de Vox

Quitarle la tilde a Valencia (mi teclado no la tiene) por parte de los intolerantes de #Vox es como intentar quitarme a mí el ceceo. Y digo intentar, porque aunque quisiera, es imposible. Qué gente, se meten en tu cama para decir con quién tienes que dormir y en tu boca para manejarte la lengua. ¿Son esos los problemas reales de España? #BuenosDias #Valencia  #FelizMiercoles #SoloQuedaVox  https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20240103/9487799/fiestas-arma-vox-batalla-cultural-ciudad-valencia.html

© Alfonso Saborido 2024

Sin autobuses para obreros

Pasa ya casi el día de Año Nuevo y volvemos a la realidad, a la cruda realidad. No sé qué ocurrirá en la ciudad en la que vives o en tu pueblo o aldea. En la mía, en Jerez de la Frontera (Cádiz, España) no existen autobuses a la hora obrera. Digo ‘hora obrera’ porque de pequeñito yo cogía un autobús que tenía su ‘ticket obrero’ que te permitía la vuelta.

Los políticos profesionales y los que aspiran a serlo (distinto de los políticos por vocación que por desgracia, casi nunca llegan al poder o si llega, se van aburridos de la corrupción moral que se encuentran en determinados ambientes) ni se imaginan de las necesidades de la ciudadanía, y mucho menos, de la España que madruga. Esa España que se pronuncia tanto en los mitines pero que muy poca gente conoce.

Sí, amigos y amigas de la política, hay un Jerez que se mueve y madruga antes de la siete de la mañana, que se tiene que desplazar a una Estación de Trenes que no se encuentra en el centro de la ciudad y que hace imposible que mucha gente pueda ir andando, como por ejemplo, zonas como la de San Joaquín, La Granja o la zona Sur, a la que hay que añadir una subida en cuesta muy cansada. 

La cosa empeora porque en la misma plaza de la Estación de trenes y autobuses interurbanos existe un aparcamiento subterráneo, inútil, cerrado que solo ocupa sitio y quita el necesario para aparcar. Porque sí, por desgracia, Jerez de la Frontera es una ciudad diseñada para el uso del coche. Los carriles bicis son inútiles también. No atraviesan el centro de la ciudad y te dan rodeos enormes. 

Para colmo, este año inauguramos la prohibición de utilizar el monopatín eléctrico, con razón, por el riesgo de explosiones, en trenes y autobuses.

La bicicleta, tampoco es una alternativa eficaz, porque todos los usuarios con bicicleta no cabemos en un tren o autobús.

La única solución, pienso, es un autobús urbano, a las horas en la que la gente normal vamos a trabajar fuera de la ciudad y necesitamos coger  un tren a las 6.18 ó 6.48 ó 7:34 para ir a Cádiz ó Sevilla.

Una de las razones al desconocimiento de estos horarios de trabajo fuera de la ciudad por parte de los políticos, aparte de que no haber trabajado jamás a esas horas, es también la fobia que existe al funcionariado. Un político normalmente no se lleva bien con el o la funcionario. El motivo suele ser la envidia. Muchos de ellos quieren vivir de la política pero no pueden hacerlo eternamente porque para ello tendrían que hacer una oposición y más fácil no estudiar que estudiar. Y como esos horarios son horas de funcionarios, les da igual.

Pero también ignoran, que son muchas las personas, mujeres sobre todo, sanitarias, limpiadoras, auxiliares de personas mayores, empleadas en tiendas, farmacias, colegios privados, etc… y por supuestos, estudiantes, que también salen por la mañana.

A lo mejor está llegando el momento de que todas esas personas del Jerez que madruga nos organicemos para que los políticos, que solo entienden en número de votos, nos oigan.

(c) Alfonso Saborido @asaborido en X.

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