AMOR SAGRADO ¿Puede un sacerdote enamorarse de otro hombre?

por | 4 de diciembre de 2021

Me quedé mirando la tarjeta y no era capaz de levantar la mirada.

— ¿Te ocurre algo? — me preguntó.

— ¿Eres cura?

— Sí, ¿te importa?

— Sí, me importa — le dije, alzando mi vista y mirándole a los ojos.

Se quedó en silencio. Notaba sus nervios.

— Yo ya sé de qué te conozco. He estado contigo en el seminario — continué hablándole.

Seguía rojo y muy nervioso. Le temblaban los labios y la voz. Parecía que le iba a dar un colapso.

— Tranquilo, Felipe. Tranquilo que yo no voy a decir nada ni te voy a juzgar. Tranquilo.

— Es que me he cagado, tío, si es que no tenía que haber quedado.

— ¿Has quedado alguna vez con alguien como conmigo?

— No.

— ¿No me mientes?

— No, te lo aseguro. He quedado porque me pareciste distinto a lo que solía encontrar.

— ¿Tú no me recuerdas?

— No.

— Fui con unos amigos un domingo por la tarde al seminario a tomar café con los de Introductorio, para conocer el seminario y ver si teníamos vocación, que a la vista está no tenía. Tú estabas allí. Viniste con nosotros.

— Verdad, de una parroquia obrera ¿no?

— Sí.

— Tú eras el que nos contaste que estuviste en el Camino.

— El mismo.

— Sí, te recuerdo, es que veo a muchísima gente. Y no te esperaba aquí.

— Pues ya ves, que puntería.

— Quiero pasar desapercibido y quedo con uno que conoce la Iglesia – dijo resoplando.

— De pe a pa la conozco.

— Por favor, no digas nada.

— No, te he dicho que no. Puedes estar tranquilo. Bueno. ¿Y qué buscabas o esperabas encontrar?

— Un amigo con el que poder hablar.

— ¿No buscabas ligar?

— Te he dicho que no.

— ¿Cómo lo llevas?

— ¿El qué?

— ¿El qué va a ser? El ser gay.

— Mal, muy mal. Nadie lo sabe.

— ¿No se lo has contado a nadie?

— A un compañero bajo secreto de confesión.

— ¿Qué te dijo?

— Que olvidara esto. Luego, dejó de hablarme.

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