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POLÍTICA

Cuanto peor mejor para el suyo beneficio político

Fuente: Wikipedia

Numerosos tertulianos, politólogos, sabetodólogos y etcétera, cada día nos ilustran con sus opiniones sobre el porqué de la situación a la que ha llegado España en esta segunda ola de pandemia. 

Hay muchas razones,  claro. Y cada cuál le da más volumen a la que más le interesa políticamente, porque no olvidemos, que tertulianos, politólogos y sabetodólogos, son también políticos. Distintos de los oficiales, pero politicos al fin y al cabo, porque trabajan para los intereses de los partidos políticos. 

Nadie puede negar que la principal causa del éxito se este virus, además de su novedad, es la sanidad precaria que teníamos (¡Que ilusos éramos que creíamos tener la joya de la corona¡) con pocos recursos, una población sanitaria propia emigrada a otros países y la poca formación cívica que tenemos los españoles a la hora de hacer algo juntos. 

Eso es lo que nos pasa. Ya lo recordaba Mecano :  solo nos ponemos de acuerdo para comernos las uvas el 31 de diciembre. Bueno, eso será hasta que a alguien se le ocurra crear una nueva especie de uva que en vez de ser blancas o tintas, sean rojas y gualdas. Entonces, convertiremos la ceremonia del fin de año en un acto facha de buenos españoles contra malos españoles, porque es que no hay cosa que nos guste más a los españoles que pelearnos entre nosotros. 

No es entonces extraño que tengamos un Congreso de los Diputados que parece un corral de gallinas locas, maleducadas y violentas, donde la Presidenta del Congreso lo mejor que podía hacer es irse a su casa por no saber controlar aquello. Hasta un maestro o maestra puede poner firmes a esos parlamentarios sin modales. Un maestro o maestra de la EGB, se sobreentiende. No los de ahora, a quienes le hemos quitado la autoridad. 

El parlamento es el reflejo de la sociedad que vota. Y de la que no vota también, que le da fuerza a otras minorías. ¡Qué tiempos aquellos en que nos quejábamos de los rodillos populares o los rodillos socialistas! ¡Cómo soñábamos con un parlamento más variado, en el que nadie tuviera la mayoría, para que hablaran, para que negociaran, para que todo el mundo se viera representado! Pues nada, nuestro gozo en un pozo. Casi mejor Virgencita habernos dejado cómo estábamos, por la incompetencia de nuestros políticos de hoy, especialistas en montar pollos, pero que no saben sentarse y hablar. ¡Ay! ¿Y criticamos ahora a los políticos de la transición? ¡Pero si eran unos benditos negociando!

El problema principal de España, además del virus, es la gestión de la crisis. No es cosa de descentralizacion, de mando único, ni nada de eso. Es cosa del diputado uno al diputado trescientos cincuenta. Unos más que otros, es verdad. Son responsables de actuar anteponiendo los intereses de sus partidos políticos a los del interés común. Ya saben cuanto peor mejor para el suyo beneficio político aunque eso le cueste la vida a millones de españoles. 

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LIBROS

Reseña de la novela Las luces del fin del mundo.

Este verano presentaba en el programa que hago los sábados en Frontera Radio, el escritor y periodista Germán Fonteseca, su último libro ‘Las luces del fin del mundo’ cuyo entrevista pueden escuchar al final de esta columna.

Es una novela de ambientación distópica, es decir, nos presenta una sociedad terrible en la que nadie quería vivir. ¿Qué podría pasar en nuestra sociedad para que de pronto todo se desmoronara como un
castillo de arena? Fonteseca nos presenta una situación que hasta ahora nunca se ha vivido a nivel global.
Pregunto al lector de esta columna: ¿Qué piensas que ocurriría en el mundo, en nuestra sociedad del siglo XXI si de pronto, dejáramos de tener electricidad y todos los aparatos eléctricos dejaran de funcionar?
Posiblemente te hagas una idea, pero el autor va desgranando poco a poco las situaciones que van a ir ocurriendo. Desde la pequeña catástrofe de no tener agua caliente hasta otras muchas más graves.
La novela hace un repaso no solo a la dependencia actual de la tecnología y la técnica. También nos revisa la condición humana, nuestra conducta ante eso que los antropólogos llaman ‘los imponderables de la vida real’.
¿En qué tipo de persona nos podemos convertir en una situación extrema? ¿Son precedibles nuestras conductas? ¿Estamos preparados para enfrentarnos a una calamidad?
Precisamente mi lectura del libro coincide con la gran crisis sanitaria de la COVID-19 que es nada comparado ante lo que puede suceder en lo que nos cuenta esta novela.
Porque lo peor es que no es una ciencia ficción imposible, como aquellas novelas fantásticas de marcianos verdes que invadían la Tierra. Lo que sucede es totalmente posible. Puede pasar mañana o
ahora. ¿Tienen los gobiernos del mundo planes para actuar ante esto? Más aún ¿y si la misma catástrofe provoca que no haya gobiernos?
La lectura del desarrollo de la novela se te va haciendo cada vez más incómoda y angustiosa conforme avanza pero no debe desanimar al lector. Hay que llegar hasta el final. Entonces comprenderás en sí la magnitud de la novela.
Desarrollada en Jerez de la Frontera, en zonas cercanas y en algún otro sitio de España, cuenta la reacción ante la catástrofe de diferentes familias jerezanas que podía ser cualquier familia de las nuestras.
Situaciones cotidianas que los jerezanos conocemos al dedillo nos aterrorizan aún más, porque esta vez, la catástrofe no ocurre en Nueva York. Sucede en la puerta de nuestra casa.
Al lector que no sea de Jerez le servirá también para conocer nuestra ciudad, milimétricamente descrita en sus calles y en muchas situaciones de la idiosincrasia jerezana.
Resumiendo, es un libro que engancha al principio, que agobia por el centro pero que tiene un final que merece la pena, por supuesto, que no te imaginas, que guarda la intriga y que cuando lo cierras al haberlo terminado, te hace sentir que no has perdido el tiempo en absoluto. Léanlo. Háganme caso. No se arrepentirán.