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Vaporcito de El Puerto

Vaporcito de El Puerto.jpg
De Emilio J. Rodríguez PosadaTrabajo propio, CC BY-SA 3.0, Enlace

Hace trece años hice un viaje nocturno por la Bahía de Cádiz que no se me olvidará nunca. Casi naufrago. Yo pensaba: ¿Cómo siendo de secano voy a morir ahogado en el mar? Recupero lo que escribía el 24 de julio de 2007.

El sábado pasado, día 21, decidí darme un paseo con mi compañía por la Bahía, en el paseo nocturno que nos ofrece el típico Vaporcito del Puerto.
No era la primera vez que me montaba; lo hice hará unos nueve años, también paseo nocturno; fue una delicia, y quedó entre mis buenos recuerdos.
Así que tuve ganas de nuevo, y eso hice.
Salimos a la hora prevista, diez de la noche. Cuando íbamos por el río Guadalete (¿por qué río de la tristeza?) camino de la desembocadura, uno de los encargados y heredero de la dinastía que gobierna y lleva el Vapor, un joven gallego muy salao, José Fernando VI, nos saludó con un encantador boas noites y nos dio la bienvenida a este viaje por la bahía de dos horas, en el que veríamos los astilleros de Puerto Real, pasaríamos por debajo del puente José León de Carranza y luego iríamos al muelle de Cádiz, para ver el Juan Sebastián Elcano. Después, regreso a El Puerto de Santa María, alrededor de las doce de la noche.
Estupendo. Salvo algo que nos inquietó. El viaje va a ser un poco movidito pues hay poniente en la mar. Y tan movidito. Como aquél concurso, si lo sé, no vengo. Nada más salir el Vapor del espigón del río, aquello empezó a moverse. ¡Y digo que se movió! Niños chillando, gente aterrorizada, como yo, agarrados a un palo para no caernos. Qué mal rato. Por un momento pensé que aquello se hundía. Las olas cubrían las ventanas de abajo del barco. Y encima la noche. Esa agua oscura, esas olas inmensas, negras, que tapaban la línea de costa. Pensé en los inmigrantes que cruzan el Estrecho y en cuán vulnerable es uno. Al entrar en la bahía, un paseito excelente. El puente Carranza, inmenso. El Juan Sebastian Elcano, precioso. Y de nuevo, el pánico. Bamboleo mientras veíamos Valdelagrana de lado. Qué fatiga más mala. Que dos horas más amargas. Debían evitar salir en esas condiciones, que es para un paseo, no para una tortura. Eso sí. José Fernando VI, chapeau. Genial. Transmite confianza. Por eso pasé menos miedo. Si no, les garantizo que este blog hubiera cerrado por defunción. Hubiera muerto de un infarto.

Pero oigan, no dejen de visitarlo.

FIN

Por desgracia, ya no pueden visitarlo. El vaporcito se hundió el 30 de agosto de 2011 en el muelle de Cádiz. A fecha de hoy, sigue sin ser rehabilitado y la Bahía de Cádiz ha perdido una figura icónica que surcaba el horizonte de las playas en verano y era tan familiar como la marea alta o baja.

Queda para el recuerdo este vídeo de aquél naufragio fallido.

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