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BLOG ANTIGUO LIBROS VIVENCIAS

Mis primeros libros

Libros
Imagen de Comfreak en Pixabay

Sigo recuperando textos de mi antiguo blog.

Cuando entro en una casa por primera vez, lo primero que hago es fijarme sí hay libros. Pero libros leídos. Con las pastas gastadas. Los picos doblados. Libros de bolsillo. Libros usados. Eso ya me da una pista del inquilino o inquilina de esa vivienda.

Si no veo libros, veo una casa vacía. Una vez me invitaron a una casa, señorial, del centro de Jerez. Su propietario era muy presumido. Presumía de todo, pero de lo que más presumía era de tener una casa grande de tres plantas, en el centro de Jerez. Presumía de tener mucho dinero. De tener una casa en la playa, de tener dos coches, y de tener una antena parabólica con todos los canales de televisión.

Entré. Un patio precioso. Su escalera, me abrió una puerta, y me dijo: este es el salón. ¿Te gusta, verdad? Contesté con otra pregunta: ¿no tienes libros? .- ¿libros? Tengo uno ahí que compró mi hermano con el Diario de Jerez para una colección de algo de las hermandades, y ahí tengo los apuntes de la carrera. -¿la carrera? Sí, los apuntes, sólo leo lo que me tengo que leer obligado.

Qué triste. Lo que os cuento es verdad. Esta persona vive. Y vive, sin libros.

Yo no podría. No podría vivir sin mis libros. Ellos son mi tesoro, mi única propiedad que llevan plasmados en sí todo lo que yo soy.

El primer libro me lo trajo mi madre. Tenía pocas hojas. Pero era un libro. Mi madre, que llevo ya un año justo sobreviviendo sin ella, me animó a leer. Se sacrificaba en gastarse el dinero para que su hijo tuviera libros, y luego, por las noches me daba una lección de vida. No me olvidaré nunca de esa imagen de mis padres en la cama de matrimonio cuando se acostaban. Cada uno encendía su lamparita, y se ponían a leer. Mi padre, las novelas del Oeste de Marcial LaFuente Estefanía. Mi madre, las novelitas de Corín Tellado. Y yo, yo, les imitaba, porque mis padres me enseñaron desde pequeño, que leer, es una actitud vital, tan necesaria como comer o bañarse.

No leían mis padres grandes obras. Pero leían. Y cuánto se lo agradezco, porque por eso, yo nunca sé lo que es estar aburrido. Me voy a mis libros y cojo cuaquiera, leído ya, y los recuerdo, mientras se me vienen a la memoria los momentos que yo vivía cuando leía aquél libro. Los asocio.

El primer libro que me trajo mi madre era un cuento. El Patito Feo, de Hans Christian Andersen. Me gustó, yo tendría seis o siete años, pero le dije a mi madre: Mamá, tienes las letras muy chicas y pocos dibujitos. Mi madre me trajo a la semana siguiente un libro, más gordo y con dibujitos: con los cuentos de Caperucita Roja, El Gato con Botas y la Ratita Presumida.

Aprendí a amar a la abuelita, a soñar con las comidas de los canastos, con el sabor de las fresas y las frutas del bosque. Aprendí a tener miedo al lobo, y a los sitios solitarios. Soñé con ser el Marqués de Carabás que se bañaba en un lago. Soñé que un gato me hablaba. Soñé que una ratita se enamoraba de mí, y me esperaba todas las tardes en la puerta de su casita, cantando ‘lalara larita, barro mi casita’.

Sé que este escrito suena infantil. Pero es que lo fui, fui infantil, viví rodeado de cuentos, y ese niño que aún perdura en mí, no puedo, ni quiero, arrancármelo de dentro.

Publicado por primera vez en septiembre de 2007 por Alfonso Saborido.

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POEMAS

Preso

Besos presos
Imagen de M P en Pixabay

Metí presos los besos que querían salir de mi boca,

porque el amor que llevaban eran delito y fruto del demonio.

Acordoné mis manos y las amarré con cuerdas, con sogas de rafia,

para que no escaparan las caricias que salían por mis dedos.

Tapé mis ojos con un antifaz de pirata para apagar mis miradas,

que tenían prohibido recorrer cada punto de cuerpo y de tu cara.

Até mis piernas para que no pudieran recorrer las distancias

que mediaban entre tu cuerpo y el mío, que sentía tu atracción de imán.

Me clavé una daga en el corazón para que se desangrara

y mi sangre no regara el cerebro que sólo quería que te amara.

Seguí las instrucciones de las leyes de los hombres de negro

que me imponían en el nombre de un dios mudo y terrible.

Aquí estoy preso, autista encadenado en mi cárcel de muerto.

Solo por amar el amor libre que los hombres de negro me prohibieron.

(c) Alfonso Saborido, 27 julio 2020

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CIENCIA

Múrcielagos en peligro

Murciélagos

La creciente preocupación de la sociedad por la salud pública está derivando en una mayor sensibilización y rechazo al control de plagas mediado por insecticidas. Como consecuencia de ello, métodos alternativos como el control biológico (es decir, el control de plagas mediado por depredadores naturales) están siendo cada vez más reclamados por la sociedad en general. Cuando estos servicios son llevados a cabo por especies singulares o protegidas, tales métodos alternativos poseen además el incentivo de favorecer las poblaciones naturales de los depredadores, constituyendo una importante y valiosa estrategia de conservación de la biodiversidad. Además, un mayor conocimiento de las especies autóctonas así como de su importancia ecológica por parte de la ciudadanía supone una herramienta esencial de concienciación y sensibilización ambiental.

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MÚSICA

Vuelve Javier de Pecos

Vuelve Javier de Pecos.
Uno de mis discos de Pecos, aunque al principio fueron cintas de cassette.

Venía escuchando en mi radio una canción. No sabía quién era pero la voz ¡me sonaba tanto!

Le pregunto a mi pareja: 

¿Quién está cantando?

Me suena un montón.

Es que se parece mucho cantando al rubio de Pecos.  Hace una cosa con la garganta igual.

Terminó la canción y dijeron el nombre. Javier de Pecos. ¡Si es que no podía ser otro! La canción era nueva: ‘Sigo Aquí’. Una maravilla de canción que me llevó a mis trece años.

Recuerdo mi patio, en verano, con el baño al sol y escuchar en la radio por primera vez la canción ‘Esperanzas’. Qué bonita, me encantó. Ya solo quería poder pillarla para grabarla en mi radio cassete. Lo siguiente, comprar el SuperPop y ver quiénes eran esos hermanos que cantaban tan bien. Cuando la revista estuvo en mis manos me di cuenta de lo guapos que eran, sobre todo, el rubio,

Pero claro, yo no lo podía decir. Tenía solo trece años. Era un niño que miraba a una adolescencia que se le abría camino pero que ya sabía, y no recordaba donde lo había aprendido, que no podía decir que le gustaban los Pecos. Porque Los Pecos eran cosas de niñas. No de niños. Pero a mí me gustaban los Pecos. En el colegio decía que me gustaba Olivia Newton-John. Y no mentía, porque Olivia me encanta. Pero de Los Pecos, ni pío. Fui valiente y pedí el ‘Concierto para adolescentes’ a los reyes magos. Me lo trajeron. Tuve el aval de mi hermana, mayor que yo siete años y superfans de Camilo Sesto. Y normalmente, si te gustaba Camilo Sesto, también te gustaban los Pecos, aunque eran más nuevos.

¿Por qué me gustaban sus canciones? Porque me llegaban. Sus letras hablaban de cosas que entendía y me gustaban. Me imaginaba protagonista de esas historias de amor. Algunas canciones eran neutras. Podían servir para chicos y chicas. Y eran románticos. Aunque los niños de la época no podíamos ser románticos. Eran tiempos en que la televisión nos invitaba a fumar porque a eso le llamaban madurar. 

Pecos marcó un tiempo solo en mi habítación escuchando música y dándole vueltas para adelante y atrás a mi cassete para escuchar las cintas y maldecir cada vez que se enredaban. 

No pude tener la libertad de poner un póster pegado en la pared de mi habitación de Los Pecos. Tampoco podía llevar las pegatinas de Los Pecos en mi carpeta. Tampoco podía discutir y afirmar que el rubio era más guapo que el moreno. Eso lo tenía prohibido, aunque prohibir prohibir, expresamente no me lo había prohibido nadie. Pero a mis trece años, la homofobia de aquellos días ya se había encargado de inocularme que aquello no podía estar bien.

Pecos pasaron de moda. Lo que no pasó es que todo aquello que me dieron. He tenido la oportunidad (¡Quién se lo iba a decir a aquél niño!) que iba a ser locutor de radio, que iba a hacer programas de música y que iba a decir en antena que me gustaban los Pecos.

Por eso, el otro día al reconocer de Javier de Pecos, también reconocí dentro de mí a aquél adolescente que despertaba a una adolescencia muy difícil por ser gay y que gracias a las canciones de Pecos, cuando estaba solo, fui muy feliz dentro de todo. Gracias a Javier de Pecos por decirnos ‘Sigo aquí’ porque nosotros también seguimos aquí. Gracias, gracias, gracias, por volver.

Podeís seguir su web https://www.javierdepecos.com/ donde tendréis acceso a sus redes sociales.

Y aquí su vídeo ‘Sigo Aquí’. Maravilloso.

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CINE

Esteros, la película

Esteros, la película

Ya sé que no puedo ser objetivo al escribir esto sobre una película argentina por las razones que cuento aquí, pero no quería dejar de comentar Esteros, una película que me ha llegado tanto, que se ha convertido en una de las favoritas, y no exagero, de mi vida.

Encontré a Esteros por casualidad, zapeando por el católogo de Amazon Prime Video España. Hasta ahora no había visto nunca una referencia a esta película en ningún sitio y eso que suelo estar al tanto del cine LGTBI y especialmente, gay, que sale nuevo, pero este no sé por qué se me escapó.

Esteros cuenta la historia (que yo no voy a contar porque no quiero destrozarte la película para que la veas) de dos adolescentes, amigos de la infancia, que por circunstancias de la vida se separan y se vuelven a encontrar años después.

El escenario es particularmente bello. La localidad argentina del Paso de los Libres y en los Esteros del Iberá, un gran humedal con 12 kilómetros cuadrados en la provincia de Corrientese, en el Nordeste de Argentina. El Paso de los Libres (no me digan que no es precioso este nombre para una ciudad) es fronteriza con Brasil. A mí, que vivo en zona marina y que también tenemos esteros, me llamó la atención el nombre, aunque luego se ve, que aquellos esteros no son como los de la Bahía de Cádiz, en España.

La fotografía es excelente, digna del más bonito documental y que me lanzó terminada la película rápidamente a buscar en Google Maps donde estaba semejante paraíso.

Los personajes protagonistas aparecen en dos facetas: en su adolescencia y  ya adultos. Es impecable como el director Papu Curotto encontró a dos chicos que se parecen una barbaridad a los adultos, especialmente el niño de entonces que representa a Jerónimo, Blas Finardi Diz, al adulto ya, Esteban Masturini, del que te enamoras sólo al verle sus ojos. Y el niño, tiene su misma mirada. Sus mismos gestos. Es que te crees que son ellos de pequeños, llegas a creértelo.

Tienen escenas extremadamente dulces como cuando bailan la cumbia de Los Charros ‘Un amor como el nuestro’ que ya me la sé de memoria.

Me he preguntado si en la España actual se hubiera podido rodar hoy una película así, sobre todo por las escenas con los niños. Hoy creo que sería imposible hacerlo aquí debido a la falsa moralidad con la que la oposición política española y la Iglesia Católica por otro lado, están inculcando cada vez más en la sociedad hispana.

En esta entrevista que enlazo aquí al director Papu Curotto, nos cuenta como hizo el difícil casting para elegir a los niños.

Hay muchas webs donde destripan el argumento. Yo no quiero decir nada. Espero que quien la vea, no superia nada como yo. Que no conociera nada, que yo no conocía ni a los actores.

¿Cómo resumo la experiencia? Es un festival de belleza y dulzura. Con sus momentos tensos de lucha contra la homofobia interna de uno de los personajes. 

La película responde a esa pregunta de ¿qué hubiera sido de mi vida sí? o ¿qué ocurriría en mi vida si aparece de pronto mi primer amor treinta años después? ¿Qué reacción tendríamos? ¿Qué puede haber quedado de aquello? ¿Cuánto puede cambiar una persona con el tiempo? ¿Puede haber desaparecido aquél de quién nos enamoramos aunque siga vivo su cuerpo?

Ya digo, me ha encantado. Por ponerle alguna falta, que Amazon Prime no la tiene subtitulada y a veces a mí que soy andaluz, me ha costado entender el habla argentina de la película. Pero eso es problema mío. 

Veánla, he visto en su página de Facebook que por la pandemia la han liberado y se puede ver en Vimeo. En España está en plataformas como Amazon Prime o Filmin.

Otro motivo más para querer ir a visitar a Argentina. 

Trailer

También, por causas de la pandemia y la cuarentena en la página de Facebook de la película, anuncian que la han liberado para que todo el mundo la pueda ver desde casa. Aprovechen mientras dure. Ahí se la dejo. Pero también está en España en Amazon Prime Video o Filmin.

ESTEROS_Subt Esp from HAIN CINE on Vimeo.

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VIVENCIAS

¿Por qué Argentina?

Fragata Libertad Argentina
El autor en el buque insignia de la Armada Argentina, la fragata ‘Libertad’, en el puerto de Cádiz, España.

Escribo este post para explicar algo que tengo hacer muchas veces. Así enlazaré aquí y todo será mucho más sencillo.

¿Por qué mi amor inmenso a Argentina? ¿Por qué digo siempre que si no fuera español y tuviera que volver a nacer, elegiría ser argentino? ¿Por qué si nunca he visitado aquella tierra?

Puede que la principal razón fuera que cuando era muy pequeño, de los primeros recuerdos que tiene mi memoria, es a mi madre contándome cosas de Argentina. ¿Por qué me las contaba? Porque ella, que nació en 1930 pasó mucha hambre en la postguerra civil española y recordaba como el mejor momento de su vida cuando Argentina, de la mano de Evita, trajo carne para los españoles, a una España bloqueada por el resto del mundo por culpa de la dictadura franquista. Mi madre, no entendía de política en aquellos momentos, ella solo entendía que su estómago estaba vacío. Argentina se convirtió en símbolo de prosperidad y de agradecimiento por haberle traído alimento.

Me hablaba de Buenos Aires y yo, en mi pequeñez, no podía imaginar un nombre más bello para una ciudad. Me la imaginaba como una especie de paraíso.

Fui creciendo, leyendo y viendo la televisión. Llegó a mí la serie ‘Marco, de los Apeninos a los Andes’, un cuento mensual perteneciente al libro ‘Corazón’ de Edmundo D’Amicis, que a mis once años me lo bebí literalmente, nunca mejor dicho. Recorrí con Marco y Amedio el Océano Atlántico, llegué a Buenos Aires y viajé a la Pampa y a ciudades como Tucumán o Rosario. Aprendí que sus estrellas eran distintas a las nuestras. Descubrí aquél país que mi madre me contaba y me enamoró.

Lo que más el habla argentina. Me derrite, me hace sentir. Me vuelve muy loco. Quizás como los argentinos, tan parlanchines, tan escandolosos, tan fanfarrones a veces, pero tan encantadores.

Crecí y me dolieron las Islas Malvinas. Crecí más y me dolieron las madres de la plaza de Mayo. Crecí y llegó internet y empecé a recibir correspondencia de personas de Argentina: de Buenos Aires, de Rosario, de Paraná, de Mendoza, de Usuhaia, de San Miguel de Tucumán, de Salta, de… Argentina para mí ahora es tan cotidiano como España. Persigo su literatura, persigo su geografía, persigo su cine… tuve la suerte de pisar territorio argentino cuando su buque insignia llegó al puerto de Cádiz, la fragata ‘Libertad’ y pude visitarlo. El mate no lo persigo, porque eso de chupar lo chupado, todavía no me entra en la cabeza, pero forma parte de esa locura argentina.

Y no me canso.

Ni me cansaré.

Argentina es mucha Argentina.

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POLÍTICA

Escuchar al inmigrante joven (mal llamado MENA)

Fotografía de Open Arms

Entrevista que tuve con Michel Bustillo, responsable de la Asociación “Voluntarios por otro mundo” en Jerez con el joven Anás, chico de Tánger (Marruecos) que emigró a España a través del Estrecho de Gibraltar y actualmente está acogido en España por esta asociación. Nos cuenta la realidad de los mal llamados MENA que no son sino ‘Menores no acompañados’ cuando llegan a España.

¿Sabías que un viaje en patera cuesta mil euros? ¿Harías tú lo mismo? ¿Te montarías en una patera para cruzar el Estrecho de Gibraltar? Muchas de las personas que se atreven a hacerlo jamás han visto el mar.

En 2018 murieron 768 personas intentando llegar a España.

Puedes hacer algo por ellos. No les llames MENA o MENAS. Dí siempre lo que son: menores no acompañados. O sea: niños y niñas SOLOS.

Este programa se emitió en Frontera Radio en directo el 18 de enero de 2020.

Este programa se puede compartir diciendo la procedencia de Frontera Radio y su autor Alfonso Saborido.

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POEMAS

Piel de mentira

Imagen de Manfred Richter en Pixabay

Los ángeles no tienen espejos.
Quizás tú piel como la del diablo,
con escamas y pinchos
se esconda sobre tu dermis de querubín.
Tu mirada blanca, tu sonrisa calma,
es la que guarda la lanza
que dará el golpe certero
en el pecho hundido
del que no consideras caballero.
¿y qué habrá en tu interior,
para que tanta hiel derrames?
¿porqué son dianas de tus dardos
los que por amar,
pierden el dolor?
O será el color negro que derramas,
detrás de tus palabras grises,
de alegría los domingos,
de abortos inútiles cada día.
Proclamas la verdad.
¡Proclamas la Verdad!
Y sabes que tú mismo,
diablo de piel de ángel
eres la misma mentira.

Piel de mentira, 2009 (c) Alfonso Saborido. Todos los derechos reservados. Obra registrada.

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VIVENCIAS

Vaporcito de El Puerto

Vaporcito de El Puerto.jpg
De Emilio J. Rodríguez PosadaTrabajo propio, CC BY-SA 3.0, Enlace

Hace trece años hice un viaje nocturno por la Bahía de Cádiz que no se me olvidará nunca. Casi naufrago. Yo pensaba: ¿Cómo siendo de secano voy a morir ahogado en el mar? Recupero lo que escribía el 24 de julio de 2007.

El sábado pasado, día 21, decidí darme un paseo con mi compañía por la Bahía, en el paseo nocturno que nos ofrece el típico Vaporcito del Puerto.
No era la primera vez que me montaba; lo hice hará unos nueve años, también paseo nocturno; fue una delicia, y quedó entre mis buenos recuerdos.
Así que tuve ganas de nuevo, y eso hice.
Salimos a la hora prevista, diez de la noche. Cuando íbamos por el río Guadalete (¿por qué río de la tristeza?) camino de la desembocadura, uno de los encargados y heredero de la dinastía que gobierna y lleva el Vapor, un joven gallego muy salao, José Fernando VI, nos saludó con un encantador boas noites y nos dio la bienvenida a este viaje por la bahía de dos horas, en el que veríamos los astilleros de Puerto Real, pasaríamos por debajo del puente José León de Carranza y luego iríamos al muelle de Cádiz, para ver el Juan Sebastián Elcano. Después, regreso a El Puerto de Santa María, alrededor de las doce de la noche.
Estupendo. Salvo algo que nos inquietó. El viaje va a ser un poco movidito pues hay poniente en la mar. Y tan movidito. Como aquél concurso, si lo sé, no vengo. Nada más salir el Vapor del espigón del río, aquello empezó a moverse. ¡Y digo que se movió! Niños chillando, gente aterrorizada, como yo, agarrados a un palo para no caernos. Qué mal rato. Por un momento pensé que aquello se hundía. Las olas cubrían las ventanas de abajo del barco. Y encima la noche. Esa agua oscura, esas olas inmensas, negras, que tapaban la línea de costa. Pensé en los inmigrantes que cruzan el Estrecho y en cuán vulnerable es uno. Al entrar en la bahía, un paseito excelente. El puente Carranza, inmenso. El Juan Sebastian Elcano, precioso. Y de nuevo, el pánico. Bamboleo mientras veíamos Valdelagrana de lado. Qué fatiga más mala. Que dos horas más amargas. Debían evitar salir en esas condiciones, que es para un paseo, no para una tortura. Eso sí. José Fernando VI, chapeau. Genial. Transmite confianza. Por eso pasé menos miedo. Si no, les garantizo que este blog hubiera cerrado por defunción. Hubiera muerto de un infarto.

Pero oigan, no dejen de visitarlo.

FIN

Por desgracia, ya no pueden visitarlo. El vaporcito se hundió el 30 de agosto de 2011 en el muelle de Cádiz. A fecha de hoy, sigue sin ser rehabilitado y la Bahía de Cádiz ha perdido una figura icónica que surcaba el horizonte de las playas en verano y era tan familiar como la marea alta o baja.

Queda para el recuerdo este vídeo de aquél naufragio fallido.

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VIVENCIAS

El lago de los cisnes (Zoobotánico de Jerez)

Así me lo parecía a mí. En realidad era el estanque de los patos. En el Zoobotánico de Jerez. Esto escribía yo el 18 de marzo de 2007.

Hoy he vuelto a uno de mis sitios preferidos desde pequeño, donde me vuelvo a reencontrar con aquél niño que fui. Es el estanque de los patos y cisnes que se encuentra en el Zoobotánico de Jerez. Es mi animal favorito, el pato, además del perro. Y no sé el porqué. Pero desde mi más lejana infancia, siempre me quedaba embobado, me cuentan, mirando los patos. Eso de que un ave, que tenía que volar, se dedicara a nadar, me llamaba mucho la atención. Tanto que un día me escapé en el Zoo, y me encontraron con los zapatos quitados dispuesto a meterme en el agua, con los patos, quizás para ser uno más de ellos.

Es curioso lo que siento cada vez que cruzo ese puentecito. Que era muy grande a mis pocos años, y ahora, cada vez lo veo más pequeño. Hay lugares que me dan mala espina. Pero este, es justo todo lo contrario. ¿Qué es lo que habrá allí que me hace sentir tan bien? Quizás sea la paz que respiro. Y es difícil, porque en un día tan soleado como el de hoy, la afluencia de público es enorme.

Los patos. Mis patos. Que pasean ante mí, con delicada indiferencia. Su ruido de agua. Su movimiento de la cola. Su rapidez al nadar, que lo convierte incluso, en navegar. Felices, quietos. Tranquilos. A la sombra y fresquitos.

Los patos. Mis patos. Que siempre están allí.